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INFOCIELO.COM » Tendencias » 18-02-2017

La Plata, ciudad diseñada por y para reyes

Los mitos populares tienen anclaje en la tradición oral que es una de las ramas que permiten el estudio histórico. Gracias a ello y en primera instancia, podría decirse que la ciudad de las diagonales fue diseñada por el hijo del Delfín, heredero de la corona de Francia, del que Pedro Benoit habría sido su legítimo sucesor…

La Revolución Francesa, fue un punto sin retorno en una nueva concepción sobre Formas de Gobierno y Estado que no en vano hizo que los historiadores la contemplaran como el comienzo de una nueva Edad. Aquella Revolución tuvo como protagonistas principales a la burguesía y a los miembros de las denominadas “profesiones liberales”, quienes tomaron el toro por las astas y reclamaron para sí la participación en la administración política del estado, que hasta entonces había sido manipulada arbitrariamente por la aristocracia.

Pasaron en pocos meses de la Monarquía Absoluta a la Constitucional y en 1792 recalaron en una malograda y sangrienta República, cuyo líder máximo será el jacobino Robespierre que implantara el período conocido como “El Terror”, en el que “rodaron cabezas” y donde las de la Familia Real fueron “Trending Topic” entre el gusto de  los revolucionarios.

A su debido tiempo Luis XVI y su consorte María Antonieta perdieron la cabeza –claro esta que no en el sentido poético de las palabras, sino en el más literal de todos los sentidos- y ambos fueron enviados a la guillotina.

La suerte de su hijo Luis Carlos, Duque de Normandía, heredero de la Corona no fue mejor. El Delfín confinado a oscura celda junto a su hermana María Teresa, fue sometido a todo tipo de vejámenes hasta su muerte en 1795.  El silencio que rodeó sus días en prisión en El Temple y lo poco claro de su muerte y enterramiento no hicieron más que contribuir al surgimiento de variadas versiones vinculadas con su  deceso, que iban desde la tuberculosis, al asesinato y la fuga. Y esta última hipótesis será la que abrirá el campo a la fantasía de 43 hombres que a lo largo y a lo ancho de todo el mundo se adjudicaron el privilegio de ser herederos del trono francés.

Hubo uno que recaló en 1818 en el Puerto de Buenos Aires, tras haber sido rechazado por Simón Bolívar en territorio colombiano. El hombre, de nombre Pierre Benoit,  que portaba carta de recomendación del mismísimo Napoleón Bonaparte, dijo haber participado en la Marina de Guerra del Emperador, pero se mostró reticente al hablar de su pasado familiar. No aportó datos de nacimiento, ni de bautismo, ni siquiera filiales. De todos modos fue admitido en estas tierras, llegando a ocupar cargos destacados por su experiencia como arquitecto.

Benoit fue un hombre misterioso, que alimentó la fantasía de los habitantes de tierras rioplatenses y si bien logró insertarse entre las capas de las clases altas de “la aldea” supo mantener la intriga en cuanto a sus orígenes ya que al ser consultado sobre los mismos, bromeaba con distintas versiones. -“Nací en cuna de oro”- se lo escuchó decir alguna vez, -“Soy hijo de una lavandera”- o tal vez -“Mi padre fue un pescador de Calais” -decía mientras sonreía con sorna y el pícaro brillo de sus ojos iluminaba los salones de tertulia. Lo cierto es, que admirados por lo nutrido de sus conocimientos, el rumor cobró entidad entre los miembros de la pequeña sociedad capitalina. Su educación no correspondía a alguien de clase baja. Hablaba 5 idiomas, era arquitecto civil y naval, dibujante, pintor y dominaba teorías sobre Astronomía, Botánica y Geodesia. Admirados por ese compendio de sabiduría, algunos empezaron a creer que estaban en presencia del mismísimo Delfín, quien habiendo logrado escapar de la prisión de El Temple con la ayuda de los realistas, y entregado en adopción y guarda a un pescador de Calais y su mujer María Juana Daulo hasta su mayoría de edad, había llegado hasta estas tierras, las que bien podían ofrecer albergue y silencio a un francés con necesidad de esconderse.

Lo cierto es que, cual paso de comedia, Benoit decidió morir en oscuras y confusas circunstancias, lo que no hizo más que agregar “intriga”, o mejor dicho “certeza” a los rumores.

Corría el año de 1852 y mientras la política trataba de desenmarañar si Urquiza era lo mismo que Rosas; Benoit postrado en su cama recibía la visita de un médico francés que había llegado pocas horas antes sólo con el cometido de verlo. Ni bien arribado al hogar, y dado lo nutrido de la conversación entre ambos, su esposa decidió dejarlos a solas estimando que ambos se conocían de otros tiempos. Minutos después, el visitante abandonó la habitación alegando retirarse ya que Benoit se había quedado dormido y necesitaba descansar. Mayúsculo fue el espanto de su mujer, cuando horas después ingreso a la habitación marital y encontró a su marido envenenado. En vano fue encontrar al responsable; inmediatamente después de la visita había embarcado con regreso a Europa.

Sus descendientes lograron aumentar la intriga…¿palaciega?...cuando al recibir algunas de sus pertenencias, alegaron descubrir indicios que ratificaban el vínculo de Benoit con la realeza. Iban desde las flores de lis que adornaban un marco de su autorretrato hasta las confusas firmas con las que rubricaba sus pinturas y planos.  En la más recordada puede leerse LCRF.PB  lo que fue traducido como Luis Carlos Rey de Francia. Pierre Benoit.

Una trenza de pelo rubio, bordada de canutillos y escondida en un sobre de seda que Benoit llevo consigo toda su vida, y que se sospecha que no sería más que el cabello adornado de María Antonieta, labró la certeza final...  Hace algunos años atrás su tataranieta Lucrecia Zapiola escribió un libro llamado “Soy Luis XVII. Debo llamarme Pierre Benoit”, y aprovechó para contar la confesión que él mismo le habría hecho a su hija Petrona : una noche de fines del año 1793, en plena época del terror, un hombre y una mujer lo habían llevado escondido bajo una capa a bordo de una calesa. Luego de un largo viaje lo entregaron al matrimonio Benoit residente en el Puerto de Calais. Una vez emitidas las primeras oraciones Pierre decidió callar y sólo agregó algunos pocos datos más. Pidiéndole que no lo hiciera hablar sobre los días anteriores a esa noche, le confesó haber recibido educación privada y esmerada, buenos tratos pero que en realidad siempre había vivido escondido. El relato se corto allí. La conversación se detuvo antes de la revelación.

A ciencia cierta, no podríamos certificar que lo recientemente narrado sea verdad y mucho menos que no lo sea. Si es verdad que, Manuel Mujica Lainez, dejó escrito un cuento que forma parte del libro Misteriosa Buenos Aires y que narra la particular historia de Pierre Benoit bajo el nombre de “La escalera de mármol”. [1]

También es cierto que en el año 2000, estudios realizados por la Universidad de Lovaina a instancias del periodista e historiador Phillipe Delorme, constataron a partir del corazón conservado en alcohol de quien se supone fue Luis XVII y cuyos restos fueran oportunamente encontrados en una fosa común del cementerio de Santa Margarita, el fallecimiento del Delfín a causa de tuberculosis en el año de 1795.

Claro está, los familiares de Pierre Benoit siguen insistiendo con su versión. Si así fuera…el creador de los planos de la ciudad de La Plata, Pedro Benoit, no sería ni más ni menos que un descendiente de los Reyes de Francia y que de haber heredado el Trono de ese país, lo habría convertido en el mismísimo Luis XVIII.

Hasta la próxima…


[1] http://plandelecturauni.blogspot.com.ar/2012/03/la-escalera-de-marmol-el-corazon-del.html

 

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