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INFOCIELO.COM » Pido la Palabra » 05-01-2017

Menores en boliches nocturnos: un veto a la irresponsabilidad

Permitir que una niña de 14 años comparta un boliche con un adulto aleja al Estado de la posibilidad de otorgar ese manto de protección y de cuidado, tal como lo exige la Constitución provincial. Porque aunque parezcan adultos en muchas cosas, aún siguen siendo nuestros pibes. Y aunque parezcan autosuficientes, cada día están en mayor riesgo.

 

Nunca son bien recibidos los vetos. Generalmente huelgan los espacios para brindar las explicaciones y los fundamentos que los motivan, y a falta de ello, siempre prevalece el descontento social por lo que se supone una imposición arbitraria del ejecutivo por sobre el legislativo. La decisión adoptada por la gobernadora María Eugenia Vidal de no promulgar la norma que autorizaba a menores de entre 14 y 17 años a ingresar en boliches cae en esta maraña que mezcla cierto oportunismo político con mucho desconocimiento. Vale una breve reflexión para clarificar.

La “Ley de Nocturnidad” Nº 14.050, actualmente vigente, establece un marco normativo sumamente interesante en materia de regulación de todos los establecimientos de la provincia de Buenos Aires donde se desarrollan actividades bailables, y de los comercios de expendio de bebidas alcohólicas para ser consumidas en el lugar. Por ejemplo, define franjas horarios de admisión y finalización de actividades, permite la venta de bebidas en la barra hasta una hora antes del cierre y, desde ya, fija la absoluta prohibición de venta de alcohol a menores de edad. Las multas y sanciones van desde lo económico hasta la clausura definitiva. Junto con el Registro y Control de la Comercialización de Bebidas Alcohólicas (REBA), la Ley de Nocturnidad es una excelente herramienta a disposición de los municipios para abordar, de forma integral, el fenómeno del abuso de alcohol entre adolescentes.

El eje de toda la polémica radicó en la modificación del artículo 9 de la citada Ley 14.050, que dispone la prohibición de "la concurrencia en los locales e instalaciones bailables de menores de catorce a diecisiete años en forma simultánea con mayores de dieciocho”. De alguna manera, la nueva ley, vetada por el ejecutivo provincial, avanzaba también sobre el artículo 8, que determina que esa franja etárea sólo puede permanecer en establecimientos y locales de 18:00 a 23:00 horas como máximo, y no permite bajo ninguna circunstancia la venta de bebidas alcohólicas. La pretensión de los legisladores era exceptuar de esa prohibición a los municipios de hasta 30.000 habitantes, los cuales podrían crear ordenanzas específicas acordes a sus propias particularidades.

Partamos de la hipótesis de la supuesta responsabilidad social que se esgrime como uno de los argumentos para defender la modificación. Partamos de esa torcida suposición de que en lugares nocturnos en donde se vende alcohol, y en donde todos pueden comprar y beber alcohol a destajo, los adolescentes que porten una “pulsera de vigilancia” quedarán protegidos de que cualquier mayor de edad se lo suministre bajo cualquier título. Porque es absolutamente cierto que los menores no necesitan ir a un boliche para conseguir cerveza, vino, fernet o lo que fuera. La “previa” arranca en las casas, con padres irresponsables. Como si esto fuera poco, de comerciantes inescrupulosos están plagadas las esquinas de cualquier ciudad, de cualquier pueblo (a pesar de que rige la Ley 13.178). ¿Entonces, por dónde empezamos? ¿Por aumentar los márgenes de tolerancia o por hacer cumplir las leyes?

Creo que no se trata de un debate sobre cantidad de habitantes, ni de idiosincrasias, ni si en esas ciudades pequeñas la gente se conoce más. No se trata de equiparar el reconocimiento de los nuevos derechos de la adolescencia, como el de votar o el de conducir, con la potencialidad de la ingesta de alcohol. Mucho menos se trata de aceptar, como punto de partida, que los menores siempre van a buscar la forma de consumir alcohol como forma de diversión.

Se trata, tal como lo expresa el decreto de la gobernadora, de no excluir al Estado de tutelar y proteger los derechos de la niñez. Se trata de promover políticas públicas tendientes a que los menores, niños y jóvenes de toda la provincia puedan divertirse en ámbitos seguros, acordes a su nivel madurativo, y estrictamente diseñados para su pleno desarrollo. Permitir que una niña de 14 años comparta un boliche con un adulto aleja al Estado de la posibilidad de otorgar ese manto de protección y de cuidado, tal como lo exige la Constitución provincial. Porque aunque parezcan adultos en muchas cosas, aún siguen siendo nuestros pibes. Y aunque parezcan autosuficientes, cada día están en mayor riesgo.

 
El autor es analista, investigador y consultor en asuntos de políticas sobre drogas. Magíster en Políticas Públicas. Licenciado en Comunicación Periodística. Miembro de la World Federation Against Drugs (WFAD). Integrante de la Red Argentino Americana para el Liderazgo (REAL) y director de la comisión "Drogas, adicciones y narcotráfico".

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